Investigación examina las áreas de vida y el comportamiento de Panchita, una hembra de tapir amazónico criada en la comunidad Sarayaku
Un estudio desarrollado por investigadores de la Fundación Oso Andino, Texas Tech University, Comunidad Kichwa de Sarayaku e Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO) examinó las áreas de vida y el comportamiento de Panchita, una hembra de tapir amazónico (Tapirus terrestris) criada en la comunidad Sarayaku, en la Amazonía ecuatoriana, y que fue marcada el 16 de julio de 2023 con un collar Iridium/GPS.
Mediante el uso de telemetría satelital, los investigadores, Mateo Noboa, Francisco X. Castellanos, Dionicio Machoa y Armando Castellanos, observaron una reducción del 90% en su área de vida comparado con tapires silvestres, lo que constituye en el primer estudio que documenta el impacto en su área de vida causado por la habituación a los humanos.
Asimismo, la investigación sugiere que la habituación y la interacción frecuente con humanos redujeron su necesidad de realizar desplazamientos extensos. Esto podría deberse a la constante disponibilidad de plátanos y yuca (Manihot esculenta) proporcionados por una de las familias de la comunidad.
Además de la ausencia de amenazas naturales como depredadores, o a la competencia intraespecífica, ya que su área de vida está establecida dentro de los límites de la comunidad. A pesar de lo expuesto, los investigadores observaron que el tapir no permaneció exclusivamente en la casa del comunero, sino que también exploró otros terrenos hacia el sureste, lo que indica que aún realiza movimientos de forrajeo en áreas naturales.
Estos hallazgos resaltan la necesidad de estudios que analicen como la habituación a los humanos pueden alterar el comportamiento de los tapires en diferentes contextos, y futuras investigaciones deberían considerar períodos de monitoreo más extensos, así como idear metodologías que permitan evitar que el individuo se retire el collar, sin generarle molestias.
Panchita fue monitoreada hasta el 28 de febrero de 2024 (227 días), y experimentó un proceso de habituación con una familia de la comunidad kichwa de Sarayaku, asentada en la cuenca del río Bobonaza, en la provincia de Pastaza, que abarca una superficie de 1350 km2 y se compone en un 95 % de bosque primario
El uso de información satelital y metodologías de análisis han permitido mejorar la comprensión sobre el uso del hábitat por parte de animales silvestres, y en el caso del tapir de tierras bajas se ha evaluado el tamaño de las áreas ocupadas en hábitats con distintos grados de ocupación humana mediante la Estimación de Densidad de Kernel Autocorrelacionado (AKDE), estudio que concluyó que el nivel de ocupación no afectaba sus movimientos.
Los tapires desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas neotropicales como dispersores de una amplia variedad de semillas mientras contribuyen al mantenimiento y regeneración de los bosques.
En su hábitat natural, el tapir de tierras bajas ocupa un área de vida de entre 1 a 29.7 km², y se ha demostrado que el tipo de ambiente que habitan no modifica el tamaño de su área de vida. Sus movimientos probablemente sean determinados por la disponibilidad de recursos, la competencia intraespecífica y la presión de depredadores.
El estudio completo lo encuentra aquí: https://mammalia-aequatorialis.org/index.php/boletin/article/view/148
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