Vida bajo tierra, en el agua o en los árboles: así cambia el encéfalo de los roedores
Un estudio desarrollado por investigadores del Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAUS-CONICET), Laboratorio de Morfología Evolutiva y Desarrollo (MORPHOS), Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO) y Zoologisches Forschungsmuseum Alexander Koenig analiza cómo la forma y el tamaño relativo del encéfalo (órgano principal del sistema nervioso central) se relacionan con los distintos modos de locomoción de los roedores sigmodontinos.
El equipo, integrado por Rocío Vargas, Alfredo Carlini, Jorge Brito, Claudia Koch, y Ulyses F. J. Pardiñas, utilizó una metodología innovadora basada en reconstrucciones tridimensionales del interior del cráneo (endomoldes digitales), obtenidas mediante microtomografía computarizada (micro-CT).
A partir de estos modelos 3D, analizaron la morfología del encéfalo y calcularon el coeficiente de encefalización (CE), un indicador que permite saber si una especie tiene un cerebro más grande o más pequeño de lo que se esperaría según su tamaño corporal. El estudio incluyó 21 especies de roedores sigmodontinos pertenecientes a 9 tribus, con hábitos de vida tan diversos como fosoriales (excavadores), semiacuáticos, arborícolas, cursoriales y vadeadores.
Los resultados muestran que, aunque la morfología general del encéfalo en los sigmodontinos es notablemente conservadora, existen diferencias sutiles pero consistentes asociadas al tipo de locomoción. En particular, las especies arborícolas y semiacuáticas presentan valores relativamente más altos de coeficiente de encefalización, lo que sugiere una mayor demanda de coordinación sensorial, control motor y orientación espacial en ambientes tridimensionales complejos.
En contraste, las especies fosoriales (adaptadas a la vida subterránea) muestran valores más bajos de encefalización, posiblemente vinculados a una menor complejidad espacial del entorno y a una mayor inversión energética en masa muscular.
El estudio también identificó que las principales variaciones anatómicas se concentran en estructuras como los bulbos olfatorios y los paraflóculos del cerebelo, áreas del encéfalo asociadas al olfato, la coordinación motora y el control visual. Estas diferencias reflejarían adaptaciones funcionales específicas a los distintos estilos de vida y formas de desplazamiento.
Según los autores, estos resultados representan una primera aproximación comparativa a la neuroanatomía de los sigmodontinos desde una perspectiva ecológica y evolutiva. El uso de endomoldes digitales abre nuevas posibilidades para estudiar especies raras, poco conocidas o incluso extintas, y sienta las bases para futuras investigaciones sobre la evolución cerebral de los mamíferos neotropicales.
Los roedores sigmodontinos comprenden el linaje más diverso de la familia Cricetidae, con aproximadamente 500 especies vivientes repartidas en unos 90 géneros y 13 tribus. Su diversidad morfológica y ecológica los convierte en un modelo idóneo para estudiar la evolución funcional y adaptativa del encéfalo.
El estudio completo lo encuentra aquí: https://fcyt.uader.edu.ar/wp-content/uploads/2025/12/A5-Vargas-et-al.pdf
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